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En busca de la “verdad”

Recientemente me pidió una de nuestras Hermanas que contribuyera con un artículo para NAVICON, y por eso estoy escribiendo este humilde artículo. Me llamo Mónica Nakamura y soy miembro de la Provincia de Japón de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Vivo y trabajo en Timor Oriental desde 2003. Cuando supe que el tema para éste articulo era "la verdad", pensé que sería atractivo para los lectores jóvenes. Esto se debe a que tengo la impresión de que los jóvenes son más propensos a buscar la "verdad" que las personas de edad media y mayores. A medida que envejecemos, nos enfrentamos a la complejidad de la "realidad" y a menudo abandonamos la búsqueda de la "verdad".

De joven, yo misma buscaba la "verdad". Durante la escuela primaria, por mucho tiempo que dedicara a mis estudios y aficiones, o por mucho que paseara con mis amigas, siempre me sentía vacía. Fue en estas circunstancias en las que ingresé en el Seisen Jogakuin, una escuela pre-secundaria dirigida por las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Mi madre había quedado realmente entristecida por la guerra iniciada por el ejército japonés, y quería confiar la educación de sus hijas al cristianismo y depositar en él sus esperanzas para el futuro de Japón. Por eso ella envió a sus cuatro hijas al Seisen Jogakuin. Considerando que la religión de mi familia era el budismo, fue una decisión muy audaz.

Mi vacío se llenó gradualmente en esta escuela. Nunca olvidaré las clases de religión a las que asistí en mi primer año de pre-secundaria. Al recordarlo, me sorprende que la Hermana encargada pudiera enseñarnos a nosotras, jóvenes estudiantes de primer año de pre-secundaria, la Prueba de la Existencia de Dios de Tomás de Aquino. Pero yo creí firmemente que ésta Prueba era la verdad. Así que, además de las clases de religión a las que asistían todas las estudiantes, comencé a participar activamente en clases de religión extracurriculares y retiros. Fue gracias a estos programas únicos que conocí a Jesucristo, fui bautizada, y decidí a entregarle toda mi vida como religiosa. Nunca podré estar más agradecida a aquellas Hermanas Esclavas del SCJ y mis fieles amigas que me guiaron por este camino.

Jesucristo dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn. 14-6). Jesús es la «verdad» misma y transmite la revelación del Padre a la humanidad; es decir, es el «camino» que conduce a la humanidad a Dios Padre, y por este camino la humanidad puede participar de la «vida» de Dios. Además, en el Antiguo Testamento, esta «verdad» de Dios se menciona a menudo junto con la «misericordia», y se dice que esta es la actitud fundamental de Dios en la alianza.

Tras encontrarme con Cristo, la "verdad", quise también compartir su "misericordia", y por eso desde que entré en el convento de las Esclavas del SCJ, deseaba vivir el carisma del Instituto de "la opción por los pobres". Así que, cuando lo hablé con mi superiora, se me confió la responsabilidad de crear una comunidad de "opción por los pobres" dentro de la Provincia de Japón. Hasta entonces, las actividades apostólicas en la Provincia de Japón se habían centrado principalmente en la educación escolar, así que este plan me pareció muy alentador. En concreto, decidimos crear una comunidad inserta en Nagoya, todos los miembros de la cual participarían en la pastoral social. Nagoya era un lugar "famoso" donde vivían muchos jornaleros. También había muchas personas sin hogar. Así que empezamos a ofrecer comedores sociales y trabajamos para proteger sus derechos humanos. Otras actividades importantes fueron la protección de los derechos humanos de los trabajadores extranjeros y los drogadictos.Una de las actividades en las cuales participé ahí en Nagoya fue "Solidaridad con Timor Oriental". Timor Oriental había sido colonia portuguesa durante 450 años, pero justo cuando empezaban a aparecer indicios de independencia, en 1975, el país fue invadido por la vecina Indonesia, y perdió una tercera parte de su población durante los 24 años de ocupación. En 1987 el Consejo Católico Japonés para la Justicia y la Paz me asignó la responsabilidad de este problema en Timor. Trabajé siempre teniendo presentes las palabras del obispo timorense Martinho da Costa Lopes, quien visitó Japón en 1986, y dijó «Si el mundo ignora nuestra difícil situación, nos extinguiremos como pueblo». Las actividades principales eran enviar peticiones a las Naciones Unidas y a diversos gobiernos, invitar a timorenses que vivían en Australia y Portugal a dar conferencias, enviar ayuda para los estudiantes etc.  Afortunadamente, Timor Oriental logró su independencia en 2002. Posteriormente, se comprendió que, para establecer una nueva nación independiente, era esencial investigar a fondo los hechos de las violaciones de derechos humanos cometidas durante la invasión y ocupación ilegales, y buscar la paz y la reconciliación sobre la base de estos hechos. Se estableció la Comisión de Acogida, Verdad y Reconciliación. Varias veces participé en las reuniones de reconciliación celebradas por la Comisión. El agresor y la víctima se sentaron uno a cada lado y cada uno describió las violaciones que había cometido o sufrido. Si el agresor no contaba toda la historia, la víctima explicaba las violaciones recibidas de él y, en la mayoría de los casos, el agresor las reconocía. Finalmente, ambos intercambiaban un abrazo de reconciliación y la reunión terminaba.La lucha de Timor Oriental por la independencia fue también una lucha por la "verdad" (en su caso, el ejercicio de su derecho a la autodeterminación). En el mundo actual, muchos grupos étnicos y naciones, incluido el Sáhara Occidental, conocido como la última colonia de África, participan en esta "lucha por la verdad". Estamos llamados a mostrar la mayor solidaridad posible en esta lucha global por la verdad. Desde mi humilde experiencia, estoy convencida de que participar en estos espacios solidarios nos enseña qué es la verdad y nos acerca a Dios.

¿En qué momento de tu vida has sentido ese vacío interior que solo algo más profundo podía llenar?

¿Hay una "lucha por la verdad" — una injusticia, una causa, una persona olvidada — a la que sientes que estás llamado/a a responder?

 

Auteur
Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús (ACI)

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