
Belém, el Círio de Nazaré: dos millones de pasos tras la Madre misionera
El domingo 11 de octubre Belém vivió el Círio de Nazaré, la mayor manifestación católica del mundo. También los Javerianos estaban entre la multitud, con el equipo del documental sobre su presencia en la Amazonía.
Cada año, el segundo domingo de octubre, Belém do Pará se detiene. Cerca de dos millones de personas acompañan por las calles la imagen de Nuestra Señora de Nazaret, la "Reina de la Amazonía", desde la Catedral hasta la Basílica Santuario.
El lema de este año, «María misionera que nos da a Jesús», parecía escrito para quienes, como los Javerianos, llegaron a la Amazonía a llevar el Evangelio y encontraron un pueblo que lo custodia con una fe tenaz y llena de gestos.
La historia del Círio comienza con un gesto de humildad. Hacia el año 1700, un hombre sencillo, Plácido José de Souza, encuentra una pequeña imagen de la Virgen entre las piedras de un arroyo. La lleva a su casa, pero al día siguiente la imagen ha vuelto al mismo lugar. Vuelve a ocurrir, incluso cuando las autoridades la trasladan al palacio y a la catedral. Plácido comprende y construye una ermita justo en ese sitio, donde hoy se levanta la Basílica. El primer Círio se remonta al 8 de septiembre de 1793 y nace de una promesa: el gobernador, gravemente enfermo, promete llevar la imagen en procesión si se cura. Aquel día, cuentan las crónicas, caminaron juntos «blancos, indígenas y negros». Desde el principio fue la fiesta de un pueblo mestizo. En 2013 la UNESCO lo reconoció como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El Círio no es solo el domingo. Durante quince días la imagen peregrina entra en las casas, en las novenas de barrio. Los romeiros llegan de todo el Estado y de más lejos. Está el Círio Fluvial en la bahía de Guajará, con los barcos de la Marina brasileña escoltando a la Virgen sobre el agua, y la Trasladação nocturna, cuando muchos peregrinos avanzan de rodillas hacia la Catedral. A lo largo del recorrido se ven cabezas de cera, casitas de madera, cintas atadas a las rejas de la Basílica: exvotos por una gracia recibida, una curación, un techo.
Precisamente una casa está en el centro de la historia de Everson y Eudiana, laicos de una comunidad de la periferia de Belém nacida de la lucha por la vivienda. «Esta comunidad recibió el nombre de Nuestra Señora de Nazaret», cuenta Everson, «porque a ella nos aferramos desde el principio, rezando para poder quedarnos en nuestro hogar». Para Lourdes, que vive en el recorrido de la procesión, el Círio es «la Navidad de los parientes»: no se intercambian regalos, sino gestos de amabilidad, el cariño de la familia, de los amigos y de los vecinos. Cada uno llega con su propia historia, y la fiesta las reúne todas.
Las imágenes grabadas en estos días formarán parte del documental de MissioNET sobre la presencia javeriana en el Norte de Brasil: la memoria de los misioneros, la pastoral entre ríos y periferias, el camino junto a los pueblos indígenas.
En el Círio estos hilos se encuentran. Como dice Everson, detrás de esta fiesta, que muchos ven solo como un espectáculo, «hay sacerdotes, religiosas, misioneros que dedicaron su vida a llevar a Jesús y a María a quienes lo necesitan».
María misionera, que nos da a Jesús. En Belém, por un día, se puede ver con los propios ojos.




