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Buscando tu rostro, descubro mi camino

Del 17 al 28 de junio de 2026, la Casa Madre de los Misioneros Javerianos en Parma acogió el Congreso Internacional sobre El rostro humano del javeriano. Participantes procedentes de África, Asia, América y Europa se reunieron para reflexionar sobre la humanidad, la fraternidad y la misión. Al concluir, una frase resumió el camino recorrido: «Mi corazón repite tu invitación: “Buscad mi rostro”».

A la luz de esta experiencia, estas palabras se dirigen principalmente a ti, joven, que llevas dentro la pregunta: ¿qué voy a hacer con mi vida?

Tu vida no es un problema que debes resolver

Quizá estás terminando tus estudios, comenzando a trabajar o intentando elegir un camino. Tal vez tienes muchos proyectos, pero ninguno parece responder del todo a lo que busca tu corazón.

Discernir no significa adivinar el futuro ni esperar una señal extraordinaria. Significa aprender a escuchar. No preguntarte solamente «¿qué quiero hacer?», sino también: «¿Para quién quiero vivir? ¿A quién puede hacer bien mi vida?»

Tu vida no es un problema que debes resolver rápidamente. Es un don que puedes descubrir, acoger y entregar.

Dios no busca una versión perfecta de ti

Durante el Congreso se habló con sinceridad de talentos, pero también de fragilidades, heridas y contradicciones. Se comprendió que el misionero no puede llevar una máscara de perfección. Está llamado a mostrar un rostro verdadero: capaz de ayudar y de pedir ayuda, de acompañar y de dejarse acompañar.

Dios no llama a la persona que algún día podrías llegar a ser. Te llama a ti, con tu historia, tus deseos, tus capacidades y también tus límites.

Una vocación auténtica no destruye tu humanidad. La hace crecer, la sana y la conduce hacia su plenitud.

Busca un rostro, no solamente una respuesta

La vocación de san Guido María Conforti comenzó ante un crucifijo. Siendo niño, descubrió que Cristo lo miraba y parecía decirle muchas cosas.

También tu discernimiento necesita comenzar frente al rostro de Jesús. Pregúntate: ¿quién es Él para mí? ¿Es solamente alguien de quien he oído hablar o una presencia capaz de orientar mi vida?

Háblale con sinceridad. Cuéntale tus deseos, tus dudas y tus miedos. No necesitas tener respuestas preparadas. La oración comienza cuando te presentas tal como eres.

Busca también su rostro en las personas: en quien está solo, en el migrante, en quien sufre y en quien todavía no conoce la alegría del Evangelio. A veces la propia vocación se vuelve más clara cuando dejamos de mirarnos únicamente a nosotros mismos.

La pregunta es también en quién te convertirás

La sociedad te invita a buscar éxito, reconocimiento y seguridad. En el Congreso, sin embargo, se recordó a misioneros y misioneras que no buscaron protagonismo. Personas sencillas que dejaron una huella profunda porque sirvieron con alegría y construyeron puentes.

Por eso, no te preguntes solamente qué trabajo realizarás o qué camino elegirás. Pregúntate también: ¿en qué clase de persona quiero convertirme?

Una vocación no se mide por la grandeza de las obras, sino por la calidad del amor que aprendemos a ofrecer.

No disciernas solo

El discernimiento necesita silencio y oración, pero también acompañamiento. Busca a una persona madura en la fe con quien puedas hablar libremente. Acércate a una comunidad, participa en una experiencia de servicio y conoce de cerca la vida que te atrae.

No esperes a que desaparezcan todas tus dudas. Ninguna decisión importante se toma con una seguridad absoluta. La fe no elimina el riesgo; te ayuda a avanzar confiando en Dios.

Puede que tu vida esté llamada a cruzar fronteras

Quizá Dios te llama al matrimonio, a una profesión vivida como servicio o a un compromiso laical. Pero también puede estar invitándote a la vida religiosa, sacerdotal o misionera.

Tal vez te llama a dejar tu tierra, aprender otra lengua y compartir el Evangelio con otro pueblo. No descartes demasiado pronto esa posibilidad.

El mundo necesita jóvenes dispuestos a cruzar fronteras geográficas, culturales y humanas; hombres y mujeres profundamente humanos, apasionados por Cristo y capaces de hacer de la humanidad una sola familia.

¿Qué rostro quiere Dios darle a tu vida?

A la luz de lo vivido en Parma, la pregunta «¿qué voy a hacer con mi vida?» puede formularse de otra manera:

«¿Qué rostro quiere tomar el amor de Dios a través de mí?»

No necesitas descubrirlo todo hoy. Comienza con un paso: dedica tiempo a la oración, lee el Evangelio, sirve a alguien, habla con quien pueda acompañarte y atrévete a salir de tu ambiente habitual.

No huyas de la pregunta que llevas dentro. Quizá esa inquietud no sea un obstáculo para tu felicidad, sino el lugar donde Dios está comenzando a llamarte.

Y mientras tú preguntas: «Señor, ¿qué voy a hacer con mi vida?», tal vez Él te esté respondiendo: «Ven conmigo. Descubrámoslo juntos».

Author
Missionari Saveriani

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