El compromiso con Cristo no nos aleja de la vida—la intensifica. Cada experiencia, cada encuentro, cada momento de servicio cobra un significado más profundo cuando lo vivimos desde esta entrega. La alegría se multiplica, el dolor se comparte, y hasta lo cotidiano se transforma en extraordinario. No es un camino fácil, pero está lleno de vida en su sentido más pleno. Y aunque muchos no entiendan nuestra elección, nosotros descubrimos cada día que en esta aparente "pérdida" está nuestra mayor ganancia.