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Mujeres puente entre culturas

Mujeres

Las Hermanas Maestras Católicas del Sagrado Corazón de Jesús somos una Congregación de mujeres consagradas, apasionadas por el Corazón de Jesús. Buscamos vivir y transmitir como nuestro padre fundador el Venerable Don José de Jesús López y González el primer y más grande de los mandamientos “Amar a Dios y al prójimo”. Dispuestas a descender hasta donde pocos descienden en comunión y con alegría a los más pobres.

Desde nuestra fundación en el año de 1929 en la Ciudad de Aguascalientes México, atravesando el tiempo de la persecución cristera, hemos crecido enfrentando retos y abriendo caminos, superado tempestades y caminado entre la gente sencilla como signo de esperanza.

Contribuimos a la santidad de la Iglesia como apóstoles del Corazón de Jesús entre los pobres por medio de la Formación cristiana integral en escuelas, parroquias, misiones, pastoral social y orfanatorio. Somos hermanas para todos, conscientes de que nuestro ser de mujeres es un don de Dios, que nos permite compartir con alegría la maternidad espiritual que es capaz de ser canal de crecimiento, restauración, reconciliación, comunión, perdón, solidaridad, inclusión, inculturación, ternura y caridad.

Puente

Ante la realidad mundial que atravesamos donde las divisiones entre las personas, en las familias, en las instituciones educativas, en la sociedad, entre los países y en el mundo entero se van normalizando, provocando una competitividad desmedida por ser el más poderoso y el único, nosotras decidimos ser “puentes”. Creemos que hemos sido llamadas por Jesús a educar el corazón y la razón de las personas con las que compartimos la vida y la fe.  La educación es un puente que a todo ser humano le da la oportunidad de vivir una pascua de la oscuridad a la luz.

Jesús dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al padre si no es por mi”. Esta es una de las citas bíblicas que más me ha acompañado en mi vida consagrada. He experimentado a Jesús como ese puente que se ha tendido entre nosotros y el Padre para poder llevarnos a Él con cadenas de amor.

 Tengo presente con mucho cariño a una de las primeras hermanas con las que viví al llegar a la Congregación, la hermana Delfina Esparza. Ella me decía que quería vivir siendo “Puente divino” como dice ese bello y antiguo canto de “Yo quiero ser un puente entre las almas y tu amor”, “un puente al que todos pisar pueda en busca de tu amor y tu amistad” y me enfatizaba con sus ojos llenos de un amor apasionado por Jesús: “Señor haz que este puente no se rompa mientras pueda servir a mis hermanos y cuando nadie más lo necesite, destrúyelo a tu antojo entre tus manos”.

¡Qué maravilla poder vivir con mujeres llenas de amor al Señor como ella! Mi primera hermana Maestra que guió mis primeros pasos en la primera comunidad. ¡Ella me enseñó que ser puente es una vocación divina y me insistía que nunca le dijera a una superiora “¡NO” cuando me enviara a una misión que otras temieran, porque allí era donde Dios necesitaba de esos puentes para que otros le conocieran! ¡Por eso cuando Mi superiora General me pidió ir al Peru, al Perú fui!, y allí encontré a Jesús con rostro peruano llamándome a amarlo entre niños pobres, lo más pobre que he vivido”. Supe entonces que debía ser un humilde puente ante tan grandes retos. Pero allí no terminó ese llamado.

Entre culturas

Ahora vivo con dos hermanas en Estados Unidos de América en una pequeña comunidad del noreste de Arkansas llamada Batesville. Aquí el Señor nos ha mostrado la imperiosa necesidad de ser puentes de amor, de paz, de reconciliación, de aceptación y unidad entre culturas.

Aquí la madera de los hermosos bosques se puede usar para construir muros o puentes, eso depende de la decisión que tomes. Y nosotras como Hermanas Maestras Católicas hemos decidido y aprendido a ser “Puentes entre culturas”. Aprender el idioma, acoger la cultura, comprender que la mezcla entre razas y culturas es una nueva realidad que aceptar.

Hemos aprendido que nuestro servicio misionero es enseñar que las diferencias raciales, educativas, ideológicas, lingüísticas y muchas otras, pueden ser, no un obstáculo, sino una oportunidad, como lo es un puente en un río para permitir cruzar y unir fronteras naturales.

Nos hemos tendido con amor y paciencia entre nuestros hermanos con el deseo de enseñarles que sólo el Corazón de Jesús es la bandera que nos representa, y que vivir en el amor de Cristo diciéndole cada día “Todo por ti ¡Oh Sacratísimo Corazón de Jesús! es la fuerza que nos levanta cada día para que el amor de Dios triunfe en cada corazón abierto a la vida.

Mujeres puente entre culturas es lo que el mundo necesita dentro de las familias, de los centros educativos, de las sociedades, de los pueblos, del mundo, pero, sobre todo, dentro de la Iglesia. Porque la Iglesia es madre y necesita de corazones y brazos maternos que estén dispuestos a acoger al diferente y ayudarle a sentirse digno hijo de Dios, llamado a vivir en comunión con los demás sin importar raza, lengua, pueblo o nación. Finalmente, todos somos migrantes en este mundo, somos iglesia peregrina y somos ciudadanos del Reino, nuestra única identidad válida es el AMOR a Dios y al prójimo.

Hermanos y Hermanas de las diferentes Congregaciones religiosas sigamos viviendo este llamado de ser puentes de amor de Dios, reconociendo que, aunque seamos débiles y pequeños ante los ojos del mundo, somos útiles a los ojos de Dios para la Construcción de su Reino.

Autor
Hermanas Maestras Católicas del Sagrado Corazón de Jesús

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